Ponzofrase conspirativamente inútil

«Pitu es Macario».

Jesús (1920 a.C. - 33 d.C.).


Jazz Peronista

Perón y el Jazz (clickea acá para ver la imagen).

Título con gusto a helado (peripecias de un enano de circo)


Desde la redacción de El Mouse Está de Fiesta, nos alegramos mucho por esta bienvenida. Una bienvenida acalorada, muy esperada. Estamos orgullosos de este nuevo columnista.

¡Bienvenido monseñor Laberga!







"Mi receta progresista" por monseñor Laberga


En un bol bastante grande (pues ya ve usted que esta comida que elaboraremos está repleta de ingredientes primordiales e irremplazables) color los siguientes ingredientes:

- Un taxista de Capital (vivo).

- Los prejuicios de doña María.

- Un tipo que lee frenéticamente Clarín todos los días, y cree que es un buen diario.

- Un tipo que lea La Nación (éste que esté vivo también).

- Luis Majul.

- ETC (agregue a su gusto)

Ahora llega la parte en la que tiene que usar las manos (sí, por más que le cueste y no quiera, onanista pelotudo). ¿Qué carajo está esperando? ¡Levante el culo y deje de mirar t.v, inútil! Perfecto. Así me gusta señor, usted se está portando muy bien por el momento.

Como ya le dije, tiene que usar las manos para batir toda esta mezcla. Sisisi. No diga nada, porque ya sé lo que va a decir: “qué asco, parece una pasta empaquetada en un paquete (y claro pelotudo, ¿donde más va a estar empaquetada sino?) con el precio en australes. Es decir: una reverenda ……………………………… (Ponga el adjetivo calificativo más creativo y se gana un diccionario de sinónimos).

Una vez batido el contenido, vuélquelo sobre una sartén, y así como lo ve (sartén y contenido, claro), métaselo en donde más le plazca.



(el post anterior fue The Observer y el anterior al anterior, o sea el pen-anterior, fue el peronacho lindo)


norealidad

Paisaje de Nueva Zelanda

Se cumplían 20 minutos (poco más, poco menos, qué carajo cambia siendo un domingo) desde que había dado por finalizada la nota de Cicco sobre la salvia. Un odio desaforado me había invadido, casi como un cerdo azul invade una heladera de Recoleta. Estaba molesto conmigo mismo (algo no-atípico por estos días, semanas, meses, años).
Estaba atendiendo en una librería evangélica, repleta a toda hora de señoras algo seniles y aburridas con sus vidas, aburridas como un loco encerrado y medicado. La cotidianeidad era un objeto de deseo, más tendiente a la adicción, que estas mujeres (si todavía quedaba rastro alguno de feminidad en ellas) cumplían con rigor diariamente.
Compran boludeces, se van, entra otra señora, se va y viene una chica. Mi día se basaba, por aquél entonces, en eso: ver como la gente entra y sale. Se adentran en un subte plagado de magnitudes ilegibles para cualquier ser humano.
Cafeína, claro, obvio. En grandes dosis y sin moderarla, sino, no sería tan fabulosa. Algún recuerdo cruza mi cabeza, de una noche solitaria y aburridas como pocas.
Mi día seguía igual. Siempre igual. Hasta que entró ella. Fue tan raro…y esta frase la pienso, la digo ahora mismo, desde mi cariñoseidad, con un dolor agudo y arraigado en lo más profundo de mi inconsciente. Mezcla entre fantasmagoría múltiple y un segundo de éxtasis ya olvidado. Grito contento, con una sonrisa impecable, mostrándola a toda persona que pase cerca de mí. Pasan los días, el tiempo, el heladero hijo de mil putas que me empieza a insultar por boludeces, y yo sigo ahí. Pensando en ella (que por ahora no volvió), en lo que es, en lo que será, en lo que nunca será. Música de por medio, libero mi ilusión. Pienso en la vida, y en ella, claro. Por que esta vida, está basada en ella.

nopersona

para leer mientras los libertines suenan de fondo.


Abrí los ojos y todo seguía oscuro. Como si los hubiese cerrado. Daba la sensación de estar atado de pies y manos a una cama de hierro oxidada, en el sótano de algún malhecho yanqui, que nos había raptado y pedía algún tipo de recompensa. Claro está que sería salvado por algun heróico norteamericano valiente. Pero era la sensació. La realidad es que las persianas cerradas impedían que cualquier centímetro de la habitación sea iluminado por los rayos del sol. Aunque, a decir verdad, no había ningún sol allá afuera. O por lo menos, no se percibía facilmente. Era un día gris. De hecho, era el típico día gris que entristece mucho a uno. Yo no soy de esas personas que se deprimen por cualquier cosa (¿o si?), pero ese domingo era muy cliché. Pero era así por la serie de eventos que estaban sucediendo en mi vida. Seguí buscandome a mí mismo, pero no lograba encontrarme. Mi mundo iba cayendo de a poco: mis amigos me habían dejado porque decían que le prestaba mucho tiempo a mi novia; y mi novia viceversa. Es decir, estaba solo. Luego de problemas en el escenario con mi copiloto, Marcelo, habiamos llegado a la conclusión de desarmar la banda. Él había formado otra banda con Gonzalo, el baterista; Facundo, en cambio, estaba dedicando más tiempo a su especialidad: la moda. Era realmente bueno en eso.
El hecho es que desperté, tomé la pipa que había dejado por la mitad la noche anterior. Le di unas cuantas secas largas y retuve el humo lo más posible. Cuando comencé a experimentar esa sensación de relajamiento en el cerebro, en los brazos, las piernas y demás, lo largué desesperadamente (ya comenzaba a ahogarme). Prendí lo que sería el último cigarrillo pero el primero: el último del atado, el primero del día. Así empezaba. Abrí la heladera con la vaga esperanza de encontrar eso que estaba buscando. Pero fue un necio al ilusionarme con un chocolate. Lo único que había eran fideos con aceite que me había preparado Rosa 2 semanas antes, para un almuerzo. Por aquellos tiempos yo estaba atado a la mediocridad de un artista, y vestido de traje, frecuentaba (ya que no me gustaba decirle "trabajo" a eso) una oficina todos los días de semana, para servir a esos cerdos burgueses que creían pensar que "eran parte de la revolución" como decía el hombrecillo de barba en su librito.
La tristeza me invadió cuando vi la cruda realidad: nada había allí. Tomé dinero de mi "cerdito de ahorros" (así llamaba yo a la caja de cartón, que escondía bajo mi armario, donde guardaba el dinero). Agarré unos 20 pesos y salía comprar cigarrillos y otras cosas. Y nunca más regresé a la casa.

Crónica fluvial: un tachero en la Ciudad

Marco Abraham, el remisero que me llevo hasta Caballito




Subo al taxi. “
Hasta San José de Calasanz al 400”- le digo. Él, sumergido en un mutismo inigualable, no emite palabra alguna de su boca con su respectivo bigote repleto de nicotina.

Ocurre, a lo largo del recorrido, algo que no me gusta mucho. No pienso en mi vida, o en la de doña Rosa, tampoco en la de ella, tampoco en la de Luis Palau. Pienso en la vida del remisero, veo sus acciones, las critico o halago. Cuando estoy pensando una cifra razonable sobre su cantidad de cojidas por mes, el tachero dobla a la izquierda a toda velocidad, y frena de golpe cuando ve a un enano cruzando. “Laputamadreque-te-re-mil-parió-pelotudodemierda,porquénomiráscuandocruzás?” le grita el enano, visiblemente enojado. Parece ser justo con su reclamo.

Tiene la radio puesta, y va sorteando el dial, a ver qué puede encontrar. “Está lleno de guarangos y peronchos, ¿viste?” me dice, elevando el tono. Qué estúpido fui en creer por un largo rato (5 minutos) que el remisero nicotina no iba a hablarme durante el viaje. Lo hizo, y se descargó conmigo. No se guardó nada. No señor. Empezó a contarme una historia de su sobrina borracha y drogadicta, que a veces le gustaba fantasear con ella, pero que un día “la puta de mi mujer me empezó a cagar con un diputado, hijos de su madre puta, lo único que hacen es robar, pero Carlitos, ese sí que era un buena tipo. Macanudo, jugaba al golf, y me llevó a Disney a mi pibe, vos no sabés cómo la pasé esos años, ahora no, ya fue todo eso, ya está”. Un par de bla bla bla más. Yo, mudo e inyectado en una capsula de algodón, que me permitía simular atención, mover la cabeza asintiendo, pero al mismo tiempo pensar en otras cosas. La situación me molesta un poco y me empiezo a sentir algo incómodo. “Dejame acá nomás”, le digo, 4 cuadras antes de llegar. Le pagué y bajé. Se supone que agregue una conclusión final, reflexionando sobre la filosofía de vida de los tacheros, o de la mortadela, de los enanos, o, por qué no, de las sobrinas. Pero una ensalada de vida no se puede tratar de explicar: se explica por sí misma.

Hugo del Carril - Marcha Peronacha



Los muchachos peronistas todos unidos triunfaremos, y como siempre daremos un grito de corazón: ¡Viva Perón! ¡Viva Perón! Por ese gran argentino que se supo conquistar a la gran masa del pueblo combatiendo al capital. ¡Perón, Perón, qué grande sos! ¡Mi general, cuanto valés! ¡Perón, Perón, gran conductor, sos el primer trabajador! Por los principios sociales que Perón ha establecido, el pueblo entero esta unido y grita de corazón: ¡Viva Perón! ¡Viva Perón! Por ese gran argentino que trabajó sin cesar, para que reine en el pueblo el amor y la igualdad. ¡Perón, Perón, qué grande sos! ¡Mi general cuanto valés! ¡Perón, Perón, gran conductor, sos el primer trabajador! Imitemos el ejemplo de este varón argentino, y siguiendo su camino gritemos de corazón: ¡Viva Perón! ¡Viva Perón! Por esa Argentina grande con que San Martín soñó, es la realidad y la efectiva que debemos a Perón. ¡Perón, Perón, qué grande sos! ¡Mi general cuanto valés! ¡Perón, Perón, gran conductor, sos el primer trabajador!

Tantas entre Una


Señorita Penélope: soy un fan suyo, escribiendo acá desde Luxemburgo. Mis manos encalladas y peludas le mandan saludos. Escribo estás humildes líneas para informarle que si la agarro en una noche de luna llena, excitado, y con un par de tragos encima, soy capaz de dejarla cuadriplégica. Me encantan sus senos enormes y masticables como un Sugus. Sería incapaz de no hacerle daño al encamarme con usted. Su trasero me recuerda momento increibles de masturbación onanisticamente excepcional. Quería agradecerle por ayudarme a encontarle algunos minutos de felicidad en mis noches de soledad. Un saludo del pajero más grande del mundo. Y a continuación, un poema para usted.
Ay mamasa
Ay mamasa
Con ese culito
te invito a cagar a mi casa.
Atte.
Manuel Solari.

P.S.: Con ese culo, debés cagar bombones de chocolate rellenos de dulce de leche al rhum.

Una entre tantas


Penélope: la antítesis de la perfección. Lo sos, porque sino, no estaría admirando esa curva rectilínea que envuelve la expresión de tu cara (un poquito falaz de a momentos, pero no importa…me gustás más siendo imperfecta que perfecta).
Mirada de perra (con cariño, ya que suelo decir perra como un halago divino, y no como un estigma machista) furibunda, pícara en noches solitarias, consumista un lunes por la mañana.

Puedo imaginar las reacciones (y contra-reacciones) generadas en el set de filmación cada mañana. Cada simple hecho deviene en 15 hechos desafortunados. Entrás, con tu vestido azul y Ray Ban negros. El camarógrafo te ve y se le cae el café, lo vuelva sobre un cablerío ilegible, se corta la luz, un pajerófilo (afiliado a tu club de fans de Luxemburgo) aprovecha la situación y se balancea sobre vos. Evitemos contar lo que ocurre con el fan luxemburgués y tu anatomía.

También te imagino yendo al Starbucks que tenés instalado en el jardín de tu casa con un pendejo atendiendo. Me puedo imaginar al suertudo hijo-de-puta, con un sueldo de 2000 dolares por mes y con el hermoso privilegio de mirar tu expresión orgásmica todas las mañanas cuando tu paladar disfruta sigilosamente aquellos granos de café importados. Ay Penélope…




Por Olaz-nog